LA VIDA DE LUMA
Había una vez, hace muchísimo, muchísimo tiempo, cuando no existían las casas, los carros ni los celulares, un pequeño grupo de seres humanos que vivía en medio de la naturaleza. Era la época de la prehistoria.
En ese grupo vivía una niña llamada Luma. Ella no tenía juguetes como los de hoy, pero le encantaba explorar. Su casa no era de ladrillos, sino una cueva grande y fresca donde vivía junto a su familia. Por las noches, se reunían alrededor del fuego, que era muy importante porque les daba calor, luz y los protegía de animales peligrosos.
Un día, Luma acompañó a los adultos a buscar comida. No había supermercados, así que tenían que recolectar frutas, raíces y, a veces, cazar animales. Luma aprendió a reconocer qué plantas se podían comer y cuáles no. También vio cómo usaban piedras afiladas como herramientas para cortar y construir cosas.
Cuando regresaron a la cueva, todos compartieron la comida. En la prehistoria, las personas trabajaban en equipo y se ayudaban mucho entre sí. Después de cenar, uno de los más ancianos comenzó a contar historias usando dibujos en las paredes de la cueva. Con carbón y colores naturales, pintaban animales y escenas de su vida diaria. Era como su forma de contar cuentos sin libros.
Antes de dormir, Luma miró el cielo lleno de estrellas. No entendía todo sobre el mundo, pero sentía curiosidad por aprender. Y gracias a personas como ella, que observaban, probaban y aprendían, los seres humanos poco a poco fueron descubriendo nuevas cosas.
Y así, aunque vivían de una forma muy diferente a la nuestra, los niños de la prehistoria también jugaban, aprendían y soñaban… igual que tú.
















